Por Maritza Duarte
Cuando alguien viene de visita a Aguascalientes, la pregunta obligada es ¿Qué es lo típico aquí? Y las respuestas pueden ser tan variadas como arrogantes: Lo típico aquí es quedarse en su casa y salir por las noches a la banqueta, abanico en mano, a platicar con la vecina. Lo típico aquí es ir al centro a caminar y comer en el mercado de la birria o en el que está sobre la calle Morelos y pedirse una comida corrida.
Lo típico aquí es ir a farolear a las plazas nuevas y carísimas de París para beber alguna bebida “cafetera” con un importante contenido calórico y dar vueltas y vueltas viendo aparadores y luces y novedades. Todo depende a qué nos refiramos con “lo típico” porque Aguascalientes también tiene sus tradiciones.
Lo que pasa es que a veces quienes nos visitan nos ven con ojos de “pequeña provincia”, no somos ni Guadalajara, provincia moderna y altamente cultural, pero tampoco somos Oaxaca, provincia llena de tradición y colorido. No somos Guanajuato, pero tampoco somos Zacatecas. No somos Monterrey ni Ciudad Juárez, pero tampoco tenemos playa como Puerto Vallarta, Mérida o Cancún.
Nosotros somos Aguascalientes, una entidad que se fue construyendo con el paso del tiempo, con el paso de visitantes, con el paso de la gente que iba de un extremo a otro del país. Fuimos una ciudad de paso que se fue haciendo con aquellos viajeros que ya no se fueron porque aquí se vivía más tranquilo; porque incluso ahora, no somos la gran ciudad cosmopolita, pero estamos aprendiendo a vivir entre nosotros, con todos los asegunes del caso.
Siempre me pasa cuando me visitan, ¿qué es lo típico para comer aquí? ¿qué se come aquí que no se coma en otra ciudad? Y la verdad es que nuestra Aguascalientes no funciona así. Aquí se come tradicionalmente lo mismo que en las ciudades vecinas, pero con la sazón de las abuelas, de las nanas, de las madres.
Aquí se hace birria, pero no como la de Jalisco; se hacen enchiladas muy parecidas a las que hacen en Guanajuato y Zacatecas, pero son las nuestras. Y eso también es típico de aquí. Y creo que está bien.
Pero claro que tenemos nuestras cosas típicas, nuestros lugares, nuestras calles y nuestras comidas. Incluso nuestras rutinas típicas. Por ejemplo, típico de Aguascalientes es ir a los merenderos con la familia o con los amigos, pedir unas cervezas y aprovechar la botana y la comida que se ofrece como amenidad.
Otra cosa típica es ir al barrio de San Marcos en domingo por la tarde, comer un hotdog del Mike, o unos tacos de tripas doradas y dar vueltas por el Jardín de San Marcos, o quedarse sentados alrededor de su balaustrada y mirar a los paseantes. Comprar una chaska o un churro relleno de cajeta, y caminar sobre J. Pani hasta llegar al hotel que cada cierto tiempo, muestra en su reloj monumental al torerito dando pases con el pasodoble de Silverio Pérez que suena de fondo.
A veces también lo típico es ir a La Purísima en domingo o martes, comer gorditas de guisado y un choco, y comprar el mandado o alguna otra mercancía, que aunque ya no es fayuca, sigue resultando útil y de novedad.
También es típico ir a caminar por Catedral y sentarnos en el jardín de la Plaza de Armas y mirar a la gente, a los niños con su globo y su helado, a las familias platicando mientras el día atardece. Y sí, mirar los atardeceres de Aguascalientes también es típico. Y amamos nuestros atardeceres porque seguros estamos de que en ningún lugar del mundo el cielo se apaga como aquí.


