Por: María Miranda Franco
El próximo domingo 2 de abril, es el Día Mundial de la Concientización del Autismo y no faltará quien llene sus redes sociales con frases e imágenes relacionadas con esta condición de vida; sin embargo, lo lamentable es que en el día a día las personas que son autistas y su círculo más cercano, como sus papás y mamás, continúan viviendo bajo la observación, la crítica, e incluso la falta de empatía de la gente a su alrededor por cierto tipo de conductas que vienen bajo el brazo del Trastorno del Espectro Autista (TEA).
Me refiero en especial a niños y a sus cuidadores, porque es lo que yo he vivido a lo largo del tiempo. Después del diagnóstico de mi hija, he pasado por muchas situaciones que dan tristeza no por la condición de mi pequeña, sino por la actitud de esos padres y madres, porque esos adultos que no son empáticos, son personas que están criando a niños que el día de mañana no crecerán con esos valores que se necesitan para mejorar el mundo.
En el mundo está creciendo el diagnóstico del TEA, pues mientras hace 3 años se estimaba que uno de cada 100 niños nacía autista, ahora se estima que aumentó a 1 de cada 68 nacimientos; y no es que el autismo sea malo, sino que es diferente, complicado también y el proceso de aprendizaje es largo y con mucha incertidumbre.
Esto lo escribo buscando la empatía de la sociedad hacia esas familias que viven dentro del espectro, mismo que es tan amplio que no hay dos niños autistas iguales y ninguno es menos autista que el otro.
Formemos redes en apoyo a estos niños que vienen a descubrir el mundo de una manera diferente, abramos la mente, informémonos de las actualizaciones de este diagnóstico y si en tu caminar te encuentras a un pequeño TEA, dale una sonrisa, él te la podrá regresar con una igual a la tuya o abrazándote o llevándote de la mano a su lugar especial; hazlo sentir parte de esta sociedad, sé empático, pon tu granito de arena para que el día de mañana no existan casos como el de un adolescente autista que fue molestado por sus compañeros en el baño o situaciones más lamentables como la autoprivación de la vida de personas autistas.


